Más de 5.000 años de lencería antes de Sutile – II

En el artículo anterior hicimos un apasionante viaje desde Mesopotamia hasta la Europa de la Revolución Industrial a través de la ropa interior femenina de cada momento. Hoy toca la Historia de la Lencería más reciente, desde principios del S.XX hasta nuestros días.

A comienzos del siglo pasado, en plena prosperidad europea, la decoración sinuosa y en forma vegetal se impone en arquitectura, escultura, pintura… Y, del mismo modo, el afán porque el cuerpo de la mujer fuera lo más parecido a una S. Por esta razón el corset se vuelve más asfixiante que nunca, comprimiendo el pecho y el talle y poniendo en peligro pulmones, hígado y corazón.

El ajuar de la mujer es cada vez más complicado, y se llegan a utilizar hasta ¡¡¡doce enaguas!!!. Esto da muestra de la falta de autonomía de la mujer y la necesidad de asistencia para ser vestida. Por fin el famoso diseñador francés Paul Poiret (1879 – 1944) libera a la mujer del corset que deformaba el cuerpo y era tan perjudicial para la salud. Pero este modisto que diseñó vestidos más sueltos fue paradójicamente quien propuso faldas cada vez más angostas en la parte inferior. “Liberé a las mujeres de arriba pero después las até por abajo.” Tal cual.

Terminada la I Guerra Mundial, las mujeres de clase media tienen que salir a trabajar y desecharon el corset para vestir prendas más cómodas. De hecho la silueta de mujer quiere parecerse lo máximo a los hombres. Se impone un estilo de mujer andrógino: no se realza ni el busto ni la cintura, estilo que perdurará durante los “Locos Años 20”. La ropa interior consiste en pantalones íntimos cortos y sujetadores que aplastan el pecho a lo garçonne.

Al dejar de utilizarse los corsets, que muchas veces incorporaban ligas para sujetar las medias, surgen los ligueros, una de las prendas fetiche del S.XX. En estos años también se amplía el abanico de colores utilizados en ropa interior: salmón, celeste, amarillo e incluso negro para las más avanzadas, además de los ya tradicionales blanco, beige o rosa.

La crisis del 29 marca una vuelta a la feminidad durante los años 30.  Se empieza a utilizar una prenda a medio camino entre el corset y el sujetador, consistente en dos pañuelos que se entrecruzan con cintas. Rasos, muselinas y sedas ganan protagonismo en una época en la que el cine muestra la exuberancia de actrices como Marlene Dietrich o Greta Garbo.

Pero en los años 40, en plena II Guerra Mundial, el uso de tejidos lujosos se restringe. Es en esta década cuando se impone la confección de ropa interior en serie. De este modo, con los nuevos materiales como nylon, tergal o acrílicos, la ropa interior es más ligera y resistente a los lavados.

En los años 50 el modisto Christian Dior (1905 – 1957) apuesta por una silueta de la mujer muy definida: busto generoso y cintura de avispa. Para conseguir estas formas se vuelven a llevar los corpiños. Los bailes al son del rock and roll, la música propia de la época, con sus giros frenéticos trae de nuevo el uso de enaguas coloridas para lucir debajo de las faldas.

Con la progresiva liberación de la mujer en los años 60 y 70, la ropa interior se vuelve transparente y ligera. Los corpiños son vistos como un símbolo de represión, y muchas mujeres europeas prescinden de su uso. Poco a poco se va generalizando el uso de pantalones en mujeres, lo cual resta protagonismo a la lencería femenina, que se va convirtiendo en unas prendas bastante unisex que no tienen mayor misterio ni se les da mucha importancia. Pero es con la primera película con visos pornográficos que se vio en el mundo entero, Emanuelle, la famosa Revista Playboy con sus conejitas, y el magazin Penthause cuando se afianza una ropa interior más provocativa que continuará en la década siguiente.

Así llegamos a los años 80, cuando se vuelven a utilizar los corsets, pero como prenda que se luce exteriormente. El culto al cuerpo es ya un hecho, y se ponen de moda los tangas, que dejan las nalgas al descubierto o sujetadores push up que realzan el pecho. Pero llevar corset en estos años ya no significa sometimiento o represión, como en décadas anteriores, sino todo lo contario; no hay más que pensar en la musculosa Madonna que lucía corsets a modo casi de armadura en sus conciertos.

Los años 90 llegan con un estilo andrógino y minimalista. Modelos extremadamente delgadas siembran la polémica en las pasarelas: parece como si se rechazaran las formas propias de la mujer. Se impone el uso de prendas que no transparenten y materiales como la silicona en tirantes y espaldas. Hay una gran demanda ropa interior sin costuras; cuanto menos se note lo que se lleva debajo, mejor.

Y ya estamos en nuestro siglo XXI. A estos primeros años yo los definiría como un “todo vale”. La moda de exterior ejerce una influencia directa en las prendas de interior y viceversa; los encajes salen a la calle, los estampados y fantasías propias de trajes de baño y bikinis colorean la ropa interior de las mujeres. Hay quienes apuestan por un estilo muy básico y otras por todo lo contrario. Y algunas que eligen una combinación perfecta entre básicos para trabajar y fantasías para lucir.

La globalización actual impone un modo de fabricar que nada tiene ver con las necesidades reales de la mujer, ni mucho menos de la sociedad. Se fabrican toneladas de prendas de usar y tirar, sin respetar derechos humanos, sostenibilidad económica o medio ambiental. La moda dice mucho sobre cómo se siente una sociedad, así lo hemos visto en estos dos posts sobre la Historia de la Lencería. Ahora, más que nunca, es el tiempo de los auténticos profesionales. Ahora es el tiempo de Sutile.

Ir arriba