Más de 5.000 años de lencería antes de Sutile– I

Siempre resulta curioso adentrarse en los orígenes de las cosas que utilizamos a diario. En el caso de la moda, es muy interesante ver cómo es un reflejo de la situación social y moral de cada momento, porque… ¡sólo han transcurrido más de 5.000 años de Lencería hasta Sutile, la mejor ropa interior hecha en España!

Se cree que fue en la Baja Mesopotamia, hacia 2900 a. C. cuando surgió un prototipo de prenda íntima considerado el origen de la lencería femenina. Las griegas, por el contrario, no solían usar prendas interiores. Sólo si el busto molestaba al caminar debido a su volumen, se lo vendaban con una banda llamada apoderma. Del mismo modo las romanas llevaban una venda de tela llamada frisa pectoralis como sostén, consistente en una banda de lino rectangular que se cruzaba sobre los pechos para sujetarlos. Como las túnicas que se usaban para vestir no tenían bolsillos, las mujeres guardaban entre sus pechos monedas, cartas o  joyas. El talle y las caderas lo cubrían con una especie de faja, el cestus y la zona respectivamente. Los genitales se tapaban con unas prendas taparrabos.

Edad Media y Renacimiento

En la Edad Media el atuendo interior de las mujeres consistía en una camisa larga, un par de medias y una especie de venda, una vez más, para sostener el pecho. Estas camisas interiores comenzaron a adornarse con ribetes y bordados en los cuellos y puños. Es ahora cuando comienza a usarse el cinturón de castidad, formado por una banda de metal que rodeaba la cintura, pasaba por entre las piernas, y tenía un orificio. Se cerraba con un candado cuya llave era celosamente custodiada por los maridos. No comment 🙁 !

Se utilizan también, los primeros corsets, que se reafirmarán en el Renacimiento, época marcada por una nueva visión del hombre y del mundo y, por supuesto, de la mujer. Así, se empiezan a resaltar las curvas propias de las féminas, mediante corsets que estilizan el talle y armazones que realzan las caderas. Algunas mujeres comienzan a usar calzones, que se unían a las medias debajo de las rodillas con ligas bordadas. En un principio se confeccionaban con tejidos propios de ropa interior, como algodón o lino, y terminan por transformarse en confecciones de seda engalanadas con bordados de hilos de oro y plata. A estos calzones utilizados por mujeres se les bautizó como pololos en España. Es aquí donde comienza a usarse la enagua, que era la última de las faldas que se llevaba por debajo de las faldas exteriores, que en ocasiones eran hasta seis.

Durante el Renacimiento la limpieza de la ropa interior blanca era muy importante, ya que simbolizaba honestidad y moralidad. Se consideraba que la lencería atraía impurezas y protegía la salud de quien la usaba. Su uso era sinónimo de higiene. Pero este particular uso de la ropa blanca sustituyó a los baños personales…

Del Barroco a la I Guerra Mundial

Ya en el siglo XVII, en pleno Barroco, empieza a proliferar la lencería muy trabajada. Generalmente se utiliza el algodón o lino y los bordados con hilos de oro. Este es el siglo del furor de los encajes, que adornan cubrecamas, pañuelos, caminos de mesa… y la ropa interior. Los más famosos fueron los de Alençon y de Valenciennes.

En los siglos posteriores la lencería va evolucionando con una vuelta hacia formas más depuradas –durante el Neoclasicismo del S. XVIII – y su posterior vuelta hacia la sofisticación del Romanticismo en el S.XIX., hasta alcanzar, a una con la Revolución Industrial, la época dorada de la lencería según muchos historiadores, en el periodo que va hasta la I Guerra Mundial. Esta historia reciente de la lencería la abordaremos en el próximo artículo del blog, así que esperamos que te hayas quedado con las ganas de saber un poquito más de esas prendas que usamos los 365 días del año.

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